Basta ya de farsantes! i Fuera el disfraz!. El deterioro de la Universidad Laboral, el olvido pertinaz desde décadas debe de avergonzar a todos los que presumen de defender las cosas de Gijón. iQué fácil es confundir y equivocar a un pueblo ante el edificio más portentoso de nuestra ciudad! ¿Destruyó la República El Escorial o el Palacio Real por ser signos monárquicos? ¿Se puede abandonar la Catedral de Burgos por pensamientos ateos? Pues aplíquense el cuento.
Más de treinta años de permanente olvido. Y esto Gijón lo permitió, con sus dirigentes al frente. Se crean símbolos de la ciudad cuando ya existían. ¿Se puede comparar el Elogio a la torre?
¿Cómo se puede construir un campus universitario, ante el ya existente e inigualable que posee la Universidad Laboral? ¡Qué olvido más pertinaz! ¿Cómo los sindicatos reclaman su patrimonio olvidando, quizás por pequeño, el que les pertenece en la Laboral? Olvidan que se fundó y se creó con fondos de los trabajadores. ¿No se acuerdan muchos de sus dirigentes que en ella estudiaron de las becas de que gozaron para formarse como hombres? Olvido extensible a dirigentes políticos.
¿Cómo un pueblo que presume de defender patrimonios culturales abandona el magno teatro, las aulas, los paraninfos, salas de lectura y estudio, hasta los talleres? Insisto: ¡fuera el disfraz ! ¿Cómo se puede. enseñar Gijón saltándose la Universidad Laboral?· Mostrar el parque de La Providencia, el puerto deportivo…
- y , aquella torre; ¿qué es?, se pregunta el visitante.
- Nada, eso no existe.
¿Cómo se pueden despreciar instalaciones deportivas aún útiles y zonas de recreo envidiables? Recuerdos de muchos gijoneses, que guste o no, allí se forjaron como hombres.
No achaquemos a trámites burocráticos insalvables su recuperación. No se utilizaron terrenos propios para albergar nuevas edificaciones, campus universitario, campo de golf o parque tecnológico.
Sí, es cierto: allí se cantaba el Cara al Sol.
Y en los institutos de la época, también.
Basta ya.
Gijón, Asturias, debe despertar, que no es tarde, ante este olvido. No hubo dinero para su recuperación. Si en ella se hubiera invertido lo gastado en otros conceptos (como campus universitario, con repetición de aulas y servicios ya existentes al lado) y en otras menudencias, ¿sería lo mismo? El tiempo no perdona y hoy deberá caerles la cara de vergüenza a los que dejaron deteriorarse tan emblemático edificio. Que no lo dude nadie: se construyó con las aportaciones de los trabajadores, mutualistas entonces, de esta región. Las aportaciones no tienen color. Muchos sindicalistas y dirigentes modernos, se tendrán que poner colorados, por lo menos.
En la actualidad existe, o empieza a aparecer, una corriente que intenta recuperar, poco a poco el edificio. No debe hacerse esperar la respuesta de apoyo por parte de todas las instituciones. No es hora de colgarse medallas, ni entrar en polémicas discusiones. No debe de importar quién lanzó la idea. Lo que debe de hacerse es aunar esfuerzos. La penitencia de una rápida gestión que concluya con la recuperación, debe de primar por encima de todo. En justicia, es necesario el funcionamiento, digno, del centro.
Es lo que importa.